Daian Nikole, una mujer trans, fue apuñalada en Ciudad Bolívar, en Bogotá, luego de que su agresor, que la hostigaba y acosaba hace tiempo, le gritara que ese 18 de abril era el día para que salieran las mujeres y ella no era mujer. Alexander, un chico trans, salió a comprar alimentos y un vigilante de la tienda Ara no le permitió entrar, llamándolo en femenino y diciéndole que ese 17 de abril era el día para que salieran hombres y él, según su cédula, era una mujer. Dos mujeres trans estaban comprando alimentos en la tienda Metro y fueron obligadas a salir por dos oficiales de la Policía que argumentaban que ese 26 de abril era un día para que salieran las mujeres y ellas, según su cédula, eran hombres. En este artículo analizamos lo que nos deja la medida del pico y género.

Daian Nikole, una mujer trans, fue apuñalada en Ciudad Bolívar, en Bogotá, luego de que su agresor, que la hostigaba y acosaba hace tiempo, le gritara que ese 18 de abril era el día para que salieran las mujeres y ella no era mujer. Alexander, un chico trans, salió a comprar alimentos y un vigilante de la tienda Ara no le permitió entrar, llamándolo en femenino y diciéndole que ese 17 de abril era el día para que salieran hombres y él, según su cédula, era una mujer. Dos mujeres trans estaban comprando alimentos en la tienda Metro y fueron obligadas a salir por dos oficiales de la Policía que argumentaban que ese 26 de abril era un día para que salieran las mujeres y ellas, según su cédula, eran hombres.

Casos como estos se repitieron en varias ciudades del país durante estas últimas semanas de implementación del pico y género. Esta medida, que se estableció con el fin de disminuir el tránsito de personas y el posible contagio por coronavirus, tuvo graves impactos en los derechos humanos de las personas trans. Aunque la medida dejó de aplicar desde el pasado lunes en ciudades como Bogotá y Cartagena, sigue vigente en otras como Tuluá, Cogua y Chía, esta
última limitó la restricción únicamente a los fines de semana.

Solo en Bogotá, según la Red Comunitaria Trans, del 13 de abril al 8 de mayo, se reportaron 20 casos de personas trans discriminadas en supermercados, dos casos de mujeres trans trabajadoras sexuales violentadas por la Policía en el barrio Santafé, un caso de una persona queer violentada por la Policía y el caso de Daian Nikole, cuyo agresor fue enviado a la cárcel en los últimos días. Miradas discriminadoras, burlas por medio de las redes sociales y acoso por parte de grupos de hombres son algunas de las agresiones que han tenido que vivir las personas trans.

Para las organizaciones trans, la medida, desde su formulación, es discriminatoria e inconstitucional. “La medida puso en riesgo la vida de las personas trans, dejándolas en manos de sus mayores agresores: la Policía” dice Juli Salamanca, directora de comunicaciones de la Red Comunitaria Trans, quien además agrega que la medida legitimó la violencia por parte de la sociedad en su conjunto en un ambiente de por si fuertemente transfóbico. Shaira Ramires,
una mujer trans de la corporación Armario Abierto de Manizales, donde gracias a la incidencia de las organizaciones LGBTI no se ha implementado la medida, asegura “si ya de por si somos rechazadas en muchos espacios, no me imagino si hubieran implementado la medida. Así
cambiemos el sexo en la cédula, no van a respetar nuestra identidad de género”.

Según la reciente encuesta LGBT en Colombia de The Williams Institute, 47% de las personas transgénero entrevistadas han sido amenazadas con violencia en algún momento de sus vidas y un 31% han intentado suicidarse al menos en una ocasión. Además, la encuesta arrojó que el 29% de las personas transgénero han sido víctimas de abuso verbal, y un 24% de abuso físico, por parte de la Policía. En este panorama, el 6 de mayo, la Defensoría del Pueblo alertó el riesgo
sobre la vida de las personas trans debido a la medida del pico y género.

Además de la gravedad de las agresiones, el pico y género reforzó los imaginarios de sexo y género que excluyen a las personas trans y no binarias. Alejandra Cárdenas, activista de la Fundación Polari de Manizales, asegura: “la medida le impuso la carga a las personas trans o no binarias de ajustarse a un modelo de ser mujer y ser hombre. Es como ponerles un letrero para que su corporalidad sea juzgada”. Esta medida convirtió a la población civil y a la Policía en
“vigilantes del género”, quienes determinaban, bajo sus propios juicios y binarismo de género, la identidad de las personas trans.

Además, la medida sacó a la luz la falta de redistribución en las labores del hogar. Según cifras oficiales, en Bogotá, cuando era día de mujeres, las ventas se incrementaban en un 20%, lo que demuestra que, al igual que en Perú, las mujeres salían mucho más que los hombres, pues se
hacen cargo en mayor medida de las tareas domésticas y de cuidado.

El caso de Cogua

“En Cogua, nosotres no existimos” dice Juan Suárez, miembro de la Fundación Cuerpo y Movimiento. En este municipio, la medida del pico y género obligó la migración de personas trans a Zipaquirá y Chía para evitar agresiones y discriminación. Según Juan, Cogua es un municipio ultraconservador donde a pesar de los esfuerzos de las organizaciones, las personas diversas y transgénero no son reconocidas: “una persona trans o que no se ajuste a los
estereotipos de género no puede trabajar en Cogua en algo que no sea la peluquería o el trabajo sexual en la clandestinidad”.

Para Juan y las demás compañeras de Cuerpo y Movimiento, ha sido muy difícil hacerle seguimiento a los casos de discriminación en el municipio por el pico y género, pues la gente tiene miedo de hablar. Es por esto que, pide se preste atención a los municipios pequeños como Cogua donde sus voces no han sido escuchadas y la medida del pico y género continúa. A las organizaciones de base comunitaria, que le han hecho frente a la medida en varias partes del país les dice: “no se rindan, luchen, únanse, esta es la única garantía que tenemos como personas diversas”

El caso de Manizales

Un vídeo, publicado el 24 de abril por el alcalde de Manizales en la red social Facebook, anunció la implementación del pico y género en esta ciudad y en otros dos municipios de Caldas: Villa María y Neira. Inmediatamente después, organizaciones LGBTI de la ciudad se reunieron para tomar acciones frente a la posible medida, que para ese momento no contaba con ningún decreto oficial. En cuestión de horas, las organizaciones escribieron e hicieron viral un comunicado rechazando la medida por razones similares a las expuestas en este reportaje. El comunicado, acompañado de la presión ejercida en redes sociales, logró que días después las citaran a una reunión donde les anunciaron que la medida había sido derogada por el momento y que sus peticiones habían sido escuchadas.

“Ese día nos propusieron un pico y género alternativo”, cuenta Vanessa Londoño, de la Corporación Armario Abierto, “que consistía en un día exclusivo para personas trans, lo que era muy peligroso, pues podía aumentar la violencia y la discriminación en una sociedad tan conservadora como la de Manizales. Nosotras no aceptamos ningún tipo de pico y género”. Para Vanessa, el éxito de la no implementación de la medida en esta ciudad fue la unión de las organizaciones, la legitimidad que tienen las mujeres trans trabajadoras sexuales conocidas como “las guapas” y el hecho de que la anunciaran en redes sociales antes de implementarla. Sin embargo, para ella y el resto de mujeres de Armario Abierto, es necesario seguir haciendo incidencia, pues es posible que en algún momento piensen en implementarla.

Ahora ¿qué viene?

Según Laura Weinstein, directora de la Fundación GAAT, son muchos los impactos que ha tenido la pandemia en las personas trans, más allá del pico y género. Entre ellos está el retroceso en el reconocimiento de la identidad de las personas trans por parte de sus familiares y el silenciamiento de estas identidades por miedo a agresiones y violencia. Esto se suma a la difícil situación de las trabajadoras sexuales que perdieron su economía de subsistencia y que no han
recibido suficientes ayudas por parte del gobierno. En Bogotá, la Personería aseguró, la semana pasada, que las ayudas prometidas por la alcaldía de Claudia López no han sido cumplidas y que las trabajadoras solo recibieron un “pequeño mercado” durante la segunda semana de mayo.

En todo este proceso, el trabajo de las organizaciones trans y feministas ha sido muy importante, es por esto que Juli Salamanca reconoce como un triunfo la derogación del decreto de Pico y Género en Bogotá: “Si no hubiera sido por la documentación de casos, las campañas comunicativas, el apoyo económico y emocional a las mujeres trans, el decreto hubiera seguido.

Este es un triunfo para las organizaciones trans”. Sin embargo, recuerda la importancia de seguir con la pedagogía y exigir a las instituciones que garanticen los derechos de todes. En cuanto a las pronunciamientos de Claudia López del decreto como un éxito, cabe recordar que la integridad y la vida de las personas trans importan y que ninguna medida que les ponga en riesgo puede calificarse de exitosa. Entonces no, la medida de pico y género no fue un éxito, el éxito fue la unión de todes por una misma causa que seguiremos defendiendo

Bogotá, 19 de mayo del 2020